En el ultimo instante, apoyó la cabeza
en la puerta de la calle y se paró a reflexionar. La mochila en la
espalda le pesaba bastante, pero más le pesaban los pies ante la
ruta que estaba a punto de tomar.
Empezó a hacerse las mismas preguntas
de siempre. Esas preguntas que buscaban la razón de que se hubiese
alejado tanto de ella. De por qué no le decía un esporádico y
afable “te quiero” cuando es lo que más deseaba a veces.
De por qué ya ni la abrazaba ni la besaba a penas. De por qué no se
acurrucaba con ella en la cama o no compartían más ratos juntos. De
por qué

